miércoles, 22 de octubre de 2014

Luciérnaga o Gusano de luz (Lampyris noctiluca)


La luciérnaga mediterránea la podemos encontrar en gran número de lugares: desde ramblas y estepas salinas o de yesos semiáridos hasta robledales y bosques mixtos prepirenaicos. Es posible verlas en pinares (de pino carrasco -Pinus halepensis - y negral o resinero - Pinus pinaster), en diversos tipos de matorral mediterráneo (romerales, tomillares...), encinares y alcornocales y dehesas (encinares aclarados con pastizal), riberas de ríos y arroyos (con choperas, sauces, ...), olmedas, pastizales, pastos y praderas, playas y zonas de dunas. También tenemos referencias de luciérnagas mediterráneas en campos de cultivo (cereales), olivares, viñedos, almendrales, junto a acequias... Se localiza asimismo en ambientes típicamente de montaña, en espartales e incluso en cuevas y canteras.





El nombre de gusano de luz hace referencia al aspecto de la hembra, que es seguramente el estado más conocido de este coleóptero.

El aspecto de las hembras despista mucho: recuerda en realidad a las larvas. El cuerpo alargado es de color negro y muestra patentemente los segmentos del tórax y del abdomen. No tiene alas, por lo cual sus desplazamientos están muy limitados. 



Las hembras se diferencian de las larvas por algunos rasgos llamativos, como que no poseen los puntos amarillos que decoran ambos extremos de cada segmentos. Además, las hembras sólo aparecen durante el verano, mientras que las larvas evolucionan desde unos pocos milímetros hasta algunos centímetros durante dos años, pudiéndose ver en las cuatro estaciones (aunque en las latitudes frías hibernan).



Las luciérnagas se alimentan de caracoles y babosas. 

Son, por consiguiente, y pese a su aspecto tan tierno, depredadores especializados.





En el estado adulto son las hembras las que muestran especialmente la lucecita. En realidad, es un conjunto de cuatro elementos alojados en la parte inferior del extremo del abdomen: dos placas que ocupan los segmentos sexto y séptimo, y dos puntitos luminosos en cada uno de los extremos del octavo segmento. Los machos mantienen las lucecitas del estado larval - dos puntos luminosos en el extremo del octavo segmento abdominal -, pero sólo brillan cuando son molestados.



Hay otras especies que, al contrario que la Lampyris, no brillan con una luz fija, sino que parpadean, como las del género Luciola, también presentes en la Península Ibérica. Estas especies utilizan un a modo de código de preguntas de los machos a las hembras, las cuales responden. Cada uno o dos segundos, los machos emiten destellos cortos e intensos durante su vuelo. Las hembras, que tienen alitas pero no pueden volar, les responden desde la vegetación con un parpadeo de pulsos más dilatados que los del macho y tras un tiempo de respuesta que depende de cada especie. 



La estructura fisiológica de estos segmentos contiene tres partes diferenciadas: una capa de células epidérmicas transparentes que dejan pasar la luz; una capa de células luminosas en donde se produce la luz; y una capa inferior de células que contienen cristales de ácido úrico que actúan como espejos reflectores de la luz.

La luz es producto de unas reacciones químicas en las que una molécula, la luciferina, reacciona con oxígeno y ATP (adenosín trifostafo, el vehículo de la energía química de muchas de las reacciones internas de los seres vivos) y desprende energía luminosa. Para que esta reacción se produzca es preciso el concurso de otra molécula, la luciferasa, que actúa como enzima catalizadora.

La luciferina es una molécula muy pequeña, compuesta por apenas 20 ó 30 átomos, mientras que la luciferasa es una proteína muy compleja que se presenta bajo diferentes variantes que dan lugar a diferentes tonalidades de luz en las especies que han desarrollado este sistema.

La reacción produce una luz amarillento-verdosa. El proceso es extraordinariamente eficiente: menos del 2% de la energía se convierte en calor (lo que contrasta, por ejemplo, con el 95% de pérdidas de una bombilla ordinaria). Por ello no es extraño que hasta las hembras más “ardientes” estén frías al tacto.


Imagen cedida por Juanfer Reboto

Video de una hembra buscando alimento.


                                 video

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